El dinero no es una buena carnada


No sé por qué tanto lío con esos papelitos de color que sirven como carnada para otras cosas. Nosotros usamos gusanos, que tienen la ventaja de que te los podés comer. No sirven las unidades monetarias que por sí mismas no tienen valor. El oro, por ejemplo. Una pepita todo el mundo sabe que no da. Esto se lo dije una vez a Midas, que andaba con estreñimiento: todo lo que tocás lo transformás en oro, pero sigue teniendo la forma de lo que era. Así que metete esa pepita en el lugar del que la sacaste. Amigos, el dinero no nos hace mejores. Por eso es mejor unidad la lombriz, que es una carnada mucho mejor. Sí. Sé que el dinero sirve de carnada no sólo para cambiarlo por un pescado, sino por todas las otras cosas, excepto el alma. Pero las lombrices también. Nosotros las comemos, pero si queremos cambiarlas por un pasaje de Air France la regurgitamos y con eso pagamos el pasaje a Holland, que ahora queda en Francia, por esto del problema del Euro. El euro te hace que Holland dirija Francia, que Germany dirija Grecia y que Rajoy dirija España. Es el euro el culpable: yo no dejaría jamás que me gobiernen ni un pepe ni un Rajoy. Pero para resolver el problema de la inflación hay que usar moneda comestible. Si pierde valor, que sirva como snack.

Lintérnagas ricoteras


Dejen de sorprenderse con las ocurrencias de los animales. Los perros no andan en patineta desde que salió You Tube. Ya lo hacían en los 70. ¿O nadie vió un alsaciano arrastrando trineos para subirse después, en la popa del artefacto, canchereándola en las bajadas, entre los pinos del territorio al-pino? Ya hubo conejos pastores y cotorras del punk cláshico que danzaron Rock the Casbah en la época de las Pro-Class de fibra de vidrio. Hay luciérnagas que cantan el estribillo que dice, con estridente brillo: “vas a brillar, mi amor”: de hecho, las más modernas –las lintérnagas- son Ipods voladores con la discografía ricotera ya preseteada en 320k. ¿O creyeron que el secreto a voces más grande del rock argentino es patrimonio del ricotero de la primera hora? No se sorprendan más porque les va a pegar mal la sobredosis de asombro: siempre hay algo nuevo abajo y arriba del sol. El asombro está implícito en todo: les tiro una. El otro día llevé al club de los 27 para ver un show del Indio en Tandil. Ahí comprobaron que se podía llegar con dignidad a la barrera de los 60 sin perder un ápice de rock. Uno de los “Curt” me dio la razón de entrada (no sé si Cobain o Ian Curtis). Ahora los dos curten Solari y son fantasmas ricoteros mal.

El que quiera un pogo cerca de Sid que pague el doble


La historia tuvo y tendrá siempre muchas vueltas de tuerca. ¿Qué viene siendo una vuelta de tuerca? Que más allá del último posible ajuste siempre hay otro, aún suponiendo que te pases de rosca. Esto fue lo que le hice hacer al entrañable Sid Vicious, que no tenía ni la mejor voz, ni el mayor talento, ni el conocimiento musical como para el mínimo plus ultra. Y para colmo era bajista, cosa que es para chicos muy humildes en sus pretensiones –de hecho el que más lejos llegó con un bajo fue un simple Pastorious-. ¿Cómo fue que Sid, que no daba mucho pie con bola en nada específico, pudo trazar un antes y un después en la música? Simple: Vicious tuvo la precaución de no dejar de ser Vicious durante toda su vida. Fracasó en todo menos en eso: en ser el que era. Sí, amigos: hay quienes tienen el futuro en sus manos y quienes lo tienen en sí mismos. Son pocos, es cierto, pero los hay: y Vicious era único. Ni Rotten ni Doherty ni Richards ni Billy Idol lograron el estilo de Sid Vicious para ser Sid. El que quiere celeste que le cueste, pero el celeste de Sid es impagable. Hubo, hay y habrá un solo Sid. Por eso las entradas para ver a los Pistols eran más baratas si te sentabas en los asientos más alejados de Vicious. Porque para estar de su lado había que pagar más y cobrar más... en empujones.

Lo que me Cousteau sacar a flote la vida pop


Lo que Sam Philips buscaba era un blanco que cantara como negro –no que cantara mucho, sino con ADN afrocaribeño-. Esto se hizo ley con Presley. Parece que fue ayer que le tiré un cacho de Glostora a Elvis para que endureciera el jopo. No digo que no hubiese llegado, pero sin este pobre servidor no sé si hubiera tenido ese touch. Siempre cabe salir en defensa propia, sobre todo si te ninguniegan. Sigue vigente el error de que el genio irrumpe desde un olimpo sin antes ni después. Lo lamento, pero Gasalla no vino de Mas-alla: hubo circunstancias que lo apuntalaron. Y para que existiera un verano del amor en el 67 hizo falta ir de Los Plateros a Dylan, de los daguerrotipos al reproductor de diapos Carousel de Don Draper y de los primeros Beatles a los viejos y peludos que cruzaron Abbey Road: para eso estamos nosotros, los lazarillos, los caddies de la historia. Hay que haber estado en los 60 o bien haber visto la primera temporada de Mad Men para saber lo lejos que estábamos de la minifalda y cuán difícil iba a ser croar las condiciones para contraculturar el mundo. Empecé de abajo: me Cousteau un montón sacar la movida sixtie a la superficie. Así y todo nada garantiza el progreso. Llegás a Moris y en una generación retrocedés a Birabent. Una lucha.

El origen de la frase "es lo que hay"


Kennedy le ganó a Nixon porque tenía más rock, esto es así. Asex, mejor dicho. Claro que la plata de papá ayudó bastante, por eso cuando estuve en la campaña de JFK le fui sincero: no te confundas con esa cara de galancito: vos sos “lo que hay”. Es más: la expresión “es lo que hay” te viene como anillo al dedo, así que dejame que te haga hacer un anillo que diga “es lo que hay” en latín, para que nunca lo olvides. Pero ganarle a Nixon es un paso fundamental para que los años 60 sean lo que tienen que ser. Así fue que les pagamos a varios diarios importantes para transformar a Kennedy en rockstar. Con la plata que tenían los Kennedy hasta yo, Frank Sapo, podría haber sido elegido prescindente. Empezaoms mal los sixties, pensé. Casi gana Nixon y ahora lo tenemos a este nene mimado, de papá multimillonario, que para colmo es irlandés, que uno nunca sabe bien qué onda. Un irlandés no sabés si a la hora del té se te hace inglés. Lo ves a un irlandés y no sabés qué ves. ¡Que ves cuando me ves! Me preguntó Kennedy, y yo le constesté: veo la zona de la ingle. Pero bueno: también veo sex, y al mundo le falta un poco de sex. Y un poco más de eggs, que es lo mismo porque quien pone sexo pone huevos. Los sapos nacemos siempre de huevo. No nos paren.

Not Penny's boat


Los perros de la lluvia, en la calle, son una cosa terrible. Me pone loco. Lloro: veo un perro mojado y lloro. No puedo ver sufrir a los ropes, que aparte son muy Pacino con los ojos a la hora de mostrarte que todavía no almorzaron. Pero Rain Dogs es una de esas rarezas de Tom Waits que uno espera. Uno espera a Waits. Y hablando de Waits, el waiter me debe el whisky de Charles Windmore que es carísimo y te deja Lost y vale lo que vale el sueldo anual del flaco que se enamora de Penny Windmore hasta que viene el rubio con un mensaje en la mano que dice “Not Penny’s boat”: ¡loco! ¿Me escribís un mensaje con fibra que se va con el agua y ahora tengo que salvarte la vida y entenderte la letra en cinco segundos? Los que vieron Lost hasta cierto punto me van a entender. Los que dicen venir de la Universidad de la Calle, esos no sé. Porque del trágico reino de la calle no puede sacarse lección que no se deba corroborar después ahí donde se cuece el bacalao: oficinas, bares, camas, pasillos, canchas, templos, comedores y todo otro lugar donde haya que negociar. Si hay alguien que imagino callejeadísimo es Tom Waits que tiene alma de taxista. Yo paso de ese laburo: tengo mala memoria con las calles porque son apellidos de próceres que no sacaron discos.

Arqueólogos y sepultureros

Pido plís a los arqueólogos que no deshagan el laburo que con fragor hicieron –vaya a saber cuántos años ha- los amigos sepultureros, sin los cuales seríamos alimento para los buitres el día que palmamos. ¡A mí no! A mí cada vez que muera déjenme nomás al aire libre -pobres buitres, tan buena onda los entrañables buitres, a quienes siempre les tiran la peor, y ellos se la comen sin chistar. Bueno: chistan, pero de gusto-. Lo que me perjudica moralmente yo diría si es que se le puede permitir la moralina a un viejo verde como yo es el poco respeto que me les tienen a los sepultureros. ¡Sacrilegio! Gritan cuando se desentierra al muerto, y resulta que nadie habla del pobre boncha que tuvo que cavar el foso, que en paz descanse: pero no. El sepulturéitor jamás descansa porque siempre le tiran un muerto más, y como si esto no fuera suficiente más tarde vienen los arqueólogos y le desentierran todo. Yo que mido el tiempo en añares y no en años, pienso en el daño que se le hace a quien quiere llevarse el secreto a la tumba, como don Ángelo Mariani, que se llevó el secreto del vino Mariani: la fórmula de un elixir que puso feliz a mucho poeta maldito. No me cabe que caven la tumba del viejo Angelo todos los años en busca de la fórmula. Ya cavé yo: no dejó ninguna data.

Cansautores por exceso o por defecto

Amigos del roquedal: el gran dilema en el mundo de ese arte a la vez musical y masivo llamado rock es cómo hacer para no venderle el alma al demonio de la negligencia o del perfeccionismo. Porque por un lado tenés el cansautor que te coquetea con la low-fi porque no le queda otra: sólo puede oler a espíritu teen; jamás podría sonar y llegar al Nirvana al mismo tiempo. Entonces trata de hacer Salmones a lo Calamaro y esconderse en la tinta del autor prolífico, para no admitir que no es capaz de sacar ¡cinco temitas decentes! Prefiere hacer 1001 temas malos y darte a entender que no son malos sino inconclusos: “tomá mi preselección… ahora mirá que flash: al disco lo podés editar vos”. Por el lado opuesto tenemos al que tenía pasta de artista y sonaba fresco en sus primeros discos, pero, después del debut, agarra de golpe la partitura y se empieza a poner 3.0 más pesado por cada mega de memoria para la nueva placa de sonido que se ha comprado. ¡Si me das a elegir, loco, te prefiero un poco más básico, pero sin que me entregués el alma! Que lo urbano no te quite lo conurbano, el barrio, el balám-balám del tren que va a la Capital. ¿Cuántos hubo que nos dieron un primer dulce cross en la mandíbula y, ante nuestro primer “te amo te odio dame más”, soltaron la viola y les agarró sinfonitis aguda?

Un sapo psicodélico en el club de los veintisiete


Un día quedé stand-by a lo Sueiro, y en el hall de entrada del heaven le musité al que creí que era el Dios posta: quiero entrar en el club de los 27. Me dijo: no soy Dios, loco. Dios no atiende en persona, y menos a un perejil como vos. Soy un arcángel. ¿Qué arcángel sos? ¿Gabriel? ¡Gabriel no! -dijo-. Soy el arcángel Collins ¿no me ves la pelada? Tereque te tere… (aquí los memoriosos recordarán que el solo de batería de Phil Collins -el del hit del disco Face Value- era un choreo mal al boxitracio). La cuestión es que este garcángel no me dejaba pasar al club VIP de los 27. Primero que nada -me dijo- vos ya tenés bastante más de 27. En segundo lugar no nos consta que seas un mito del rock. Antes de palmar te hubieras asegurado de ser un mitito barrial, no sé: ¡hubieras hecho una canción… no te pido un LP! Pero te pasaste la vida cruzado de brazos. ¿Cómo? -protesté-. Tengo los brazos demasiado cortitos como para cruzarlos. ¡Basta! -dijo el arcángel de Genesis-. !Te volvés ya mismo por ese túnel fluorescente! Eso hice. Pegué la vuelta farfullando quejas por lo bajo. Hoy croo que me hicieron un favor no dejándome entrar al Club 27. Nunca me llevé bien con esos veintegenarios que me lamen o me exprimen o me fuman por una cuestión de piel. !No es por amor al rock que me besuquean!

Por una autopista parisina en el bolsillo del saco de Ciorán


Me cuenta el hip-hopero Nas que en su barrio de Queensbridge hay que agradecer que las balas te despierten, porque la otra opción es que te cruces con una y te alargue el sueño más allá de lo aconsejable. El día que Reagan reaganó las elecciones yo regañé al mundo: “¿no nos estamos desviando, por desidia, en una highway to hell?” Hoy pienso en el frío de las góndolas hipermercadas y no puedo entender cómo ustedes los humanos cayeron tan bajo. “Mis tiempos no eran tan despiadados”, me croé a mí mismo, y después me croe-rregí: “¿qué tiempos no fueron míos? Si fue casi ayer que le dije a Hammurabi, un 6 de febril de 1702 a. C: “diente por diente -si es de leche- vaya y pase. Pero bajá un cambio con lo del ojo por ojo”. Doy fe que malas épocas hubo a montones (aunque esto no sirva ni como consuelo ni como estrategia). Sobre este infierno neomoderno, posmoliberal, moneda corriente de los suburbios de las urbies, me habló una tarde llurviosa el viejo misántropo Ciorán. Caminábamos por el borde de una autopista. Sin salida visible y con los coches zumbando, Ciorán protesta: “¿Cómo hemos podido llegar a esto?”. Desde el bolsillo del saco le contesto: “ya te lo dije en el bar, Emil: si tomás, no conduzcás; y si no es ron del bueno, ni siquiera caminés… ¡taxi!”.

Ahogándose con espumante en una copa de margarita


Esta imagen es un recuerdo extra bruto del triste día que salvé a Bryan Ferry, que estuvo a punto de aterrizar en la calle 42 East desde la cima del plateado Chrysler. Calculale mediados de los 70. No sé si era invierno o es lo frío que estaba el champagne. ¿Qué hice? Traté de decirle a Bryan que se estaba ahogando en un vaso de agua con su mal de amores. Entonces le bajé la metáfora a lo visual: me metí en su copa de champagne. No es fácil salir de una de esas que no son de champagne, sino de margarita, pero que los suicidas usan para champagne: ¡ojo, que de esas copitas no podés salir! Ya sin respiración, comprendí que ahogarme en champagne no era ni una gota más digno que ahogarme en agua de estanque: como dijo House, no existe ni una sola muerte digna. Ferry estaba devastado porque Jagger le había quitado su gran amor -Jerry Hall-. Pero eso no le impidió salvarme un segundo antes de morir. ¡3:35 minutos! Uno más que durara She’s Leaving Home y no estaría aquí para contarlo. Gracias Paul, por no zarparte con un tema de 3:36. La canción termina. El piano cae por el Chrysler. Aplasta un taxi amarillo. Ferry oye el estruendo. Decide no dar el salto final. Luego me saca de la copa como se saca una simple aceituna... y le empieza a dar parejo al espumante. Esa noche sobre-bebimos.

Cuando los galgos que tiraste al azar se te vuelven en contra


Anticipo desde ya que esto fue parcialmente cierto porque sabemos bien que nadie recuerda los años 60, ni siquiera los guionistas de Mad Men, que a esta altura del partido ya saben más sobre los años 60 que los hippies que vivimos realmente los 60... que en ese entonces estábamos demasiado ele-ese-deseados y ele-ese-deseadas. Época de excesos que no se la recomiendo a nadie, ni siquiera a mí mismo, pero bueno, ya es demasiado tarde para autodarme consejos. Lo que recuerdo sobre estos pájaros de mal agüero que conocí por aquella época fue que eran lo que en aquellos tiempos se llamaba unos perchas totales. El percha total era lo que el freak es hoy por hoy: en esa época los perchas eran los que no tenían ni media posibilidad de perpetuar la especie, porque como buenas perchas eran "colgados": colgado no de ahora, que quiere decir que se distrajo con algo, sino colgado de antes, que era metáfora del rechazo femenino. Así los Byrds tuvieron que aprender a hacer canciones bien californicatorias, de levante… hasta que les empezó a ir bien. Too much. Y ya dueños de una buena reputación, ya satisfechos, la reputación se les hizo como búmeran. O como los galgos que tiraste así al azar, que retroceden y te muerden.

Día verse vertus conta-minería


Abogo por Green Day. Y aprovecho para pedir que paren con el asuntito del patrón oro. Porque este problema de que contaminen el mundo, nuestra única nave interplanetaria, nuestro Enterprise, para sacar oro, no es el único mal áureo a lo láureo de la histáurea del vil metal. Los humartos me tienen marto con el oro: ¿Qué les pasa con las piedras que brillan, que no pueden parar con esta obsesión metalera? Basta. Hubo revoluciones, matanzas, saqueos, traiciones… loco. Ese metal no tiene la culpa de ser escaso. Los que defienden el patrón oro alegan que sólo lo escaso les puede servir como patrón monetario. Pero la inteligencia también es escasa: usen el patrón lucidez, que también brilla y no contamina. A los que manejan las empresas mineras, si les gusta ir a jugar al pozo, vayan a jugar con el ascensor de Piñera... bajen. Démosle un uso útil a ese aparato, y de paso los dejamos ahí. Poque sus ideas no son biodegradables. Loco ¡ya hay prueba de que el oro contamina la mente y el cuerpo… paremos con ese patrón! Y también contaminan los billetes de cien pesos. Tienen Roca. Saquen Roca del billete de 100: ¡por eso nadie los quiere recibir! No por el cambio. !Es porque Roca, al argentino, no le termina de cerrar. ¡Vaya un anfibio apoyo -que no es un tibio apoyo- a quienes luchan contra mineras y piñeras! Basta de rapiña. ¡No más roca, viva el rock!

Una versión de Wake Up en mi Sai-pod

Si volviera algún astronauta que estuvo offline los últimos 5 años en el espacio, yo lo actualizaría diciendo: “no te perdiste nada, excepto 1. Twitter, 2. Facebook y 3. Arcade Fire; aunque una te está sobrando, porque si le hacés el aguante a Twitter se te va el entusiamo por Facebook, y viceversa”. En síntesis, nada sustancialmente nuevo bajo el sol, excepto los Arcade Fire, una banda de Montréal que la empezó a pegar desde que Bowie cliqueó “Me Gusta”. Porque el ex duque blanco, no barrena jamás en la cresta de una ola cualunque. Y si ya no es duque es porque no da. Porque “no diúk”. Si me voy a comprar unas zapatillas, trato de ver la marca en la suela de la que Bowie está a punto de usar para pisarme, porque es seguro que ya se eligió el mejor modelo. No digo que hoy corte el bacalao, como en los 70, pero sabe muy bien cómo ponerse cerca de quienes lo cortan. Ya vendió la medallita de Marc Bolan para colgarse una de los Arcade Fire. Croo que si a Bowie le gusta Arcade Fire, hay que tomar nota, porque estos montrealenienses han tenido la precaución de agregar algo distinto (de instinto) en este mundo con sus mandolinas, sus ukeleles y sus zanfonas. Jason me subió al Saipod una versión de Wake Up con Bowie que hay que youtubear: todo un himno de los años veinte diez.

Una noche en el Hotel Morrison


Yo estuve en el Whisky A-Go-go, en el Sunset Strip justo el día que debutaron los Doors. Al tratar de sorber en el vaso de Jim, quedé atascado. En una pausa, entre tema y tema, Jim se llevó el vaso a la boca... y me tragó. Yo sabía que tarde o temprano iba a estar en boca de todos, pero jamás imaginé que terminaría en la de Jim. Pues bien: el efecto psicodélico de mi piel le abrió las puertas de la percepción. Antes de tragarme, Jim era más monaguillo que uno de los nenes de la tribu Brady. Sumemos esto como otro de mis aportes a la historia del rock. Sí. Los sapos sudacas tenemos piel psicodélica. Sudamos “L.S.UDOR”: transpiración lisérgica. Una confidencia: el tema “Break on through” no está inspirado ni en el poema de Blake ni en el libro de Huxley. La cosa fue así: como dije, Morrison me hospedó en su tracto digestivo, y ahí yo me quedé tranqui. Hice de cuenta que estaba en un hotel tres estrellas: Hotel Morrison. Tres, digo, porque Jim no quería que hiciera el check-out por adelante: le daba asco destragarme. Y claro: la otra opción, la door de servicio, era un castigo para mí. Soy un sapo muy grueso como para atravesar el intestino delgado. Jim tuvo que arengarme para que me abriese camino. Fue así como nace aquello de “Break on through to the other side”.

Centavos de rock


Como cuando se agradecen los Oscars -que se menciona a los que se ningunea durante toda la fucking filmación-, quiero aprovechar el espacio para agradecer al inmenso ejército de sapos que contribuye mensualmente con la edición de la Zero. No, Manfredi no está solo. Mi ejército de sapos rebusca monedas en la calle al son del rock. Sí. Vos también colaborás con la Zero gracias a los centavos que perdés. Mi escuadrón anfibio va juntando todo eso, mesa a mes, para que llegue a la imprenta una nueva Zero. Varios de nosotros nos disfrazamos de alcancía. Algunos descosemos los jeans mientras dormís. Otros nos metemos en las máquinas de Red Bus. Si. Los centavos que no vuelven, van al rock. Y cada tanto ligamos algún billete adherido al tambor de un Laverap. El granito de arena que nos pertenece va siempre al rock. Una vez que hemos juntado lo necesario, encendemos una linterna al cielo, con el viejo logo de Zero, que brilla en la noche cuyana el cinco de cada mes, a las 3 A.M. Apretando bien las muelas llega Manfredi a nuestro roquedal, para que mi ejército, en fila india, le regurgite la recaudación. Rock. Y una cosa más: si se te cae una moneda, del tipo que sea, no la levantes. Pedí un deseo. Sí. A menos que sea justito lo que te falta para comprar la nueva Zero. Rock.

Que te amen sin preguntar Who Are You


La historia es larga, pasa demasiada agua bajo el puente y uno olvida lo esencial: mira hacia atrás y rememora mal. Yo cuando rememoro trato de recordar lo que sentía posta en ese ayer. No hago como esos historiadores, que dicen: los fenipcios eran un pueblo que vivió en el Mediterráneo. Eso es poco serio. Yo digo: conocí un fenipcio llamado Ubur, cuando los fenipcios recorrían el Mare Nostrum, cerca de los egipcios… y no olvidaré jamás a Ubur, el fenipcio tramposo que me quedó debiendo… ¡Jason! ¿Cuánto me quedó debiendo el Ubur? Trescientos, quinientos, novecientos… una luca… dos… siete lucrecias. Que yo liberaba esclavos comprándolos… y me quedó debiendo siete lucrecias. Uno al rememorar los 60 suele olvidar que -antes de los Who-, las bandas inglesas componían cancioncitas sobre la chica que baila y que el chico la quiere sacar a bailar… con estrategias inútiles como Love me do. ¡Ámame! Con eso no pintamos ni el pasillo de un monoambiente. ¡Nadie ha logrado que lo amen con una frase tan directa, tan obvia, tan elemental! A menos que seas un Beatle (eso es ser alguien: Who are you? I’m a Beatle. Ok: entonces te amo). Towshend y sus amigos encontraron la fórmula para que te amen por lo que dice la canción, sin preguntar quién sos.

La atmósfera instantánea del reino de Arlistán


Yo nunca supe el valor que tenían mis patas traseras hasta que las perdí, que me las cortaron para comérselas, porque yo tengo carne psicodélica ¿lo había dicho, esto? Si no lo dije es por temor a tener amigos que sólo sean amigos por interés. O sea, me halaga que tengan interés por mí, pero no ese tipo de interés, tan material. Lo que recuerdo, con pesar, es que en un recital de los Grafeful Dead, unos hippies amigos de Jack Nicholson me agarraron para irme comiendo lo más tiernito de mi achaparrado cuerpecito… ¡se avivaron que mis extremidades me crecían de nuevo! Lo cuento esto y ya es como que me quiebro. ¡Me transformé en un hongo psicodélico autorreciclable! Es lo que llamo la exploración del sapo por el hombre. Por suerte un día logré zafar. Pero yo por eso respeto a la gente que ha vivido en un frasco, como se suele decir. Porque yo viví en un frasco: el reino de Arlistán, un frasco de Arlistán, donde me tenían vivo con agua y pan. ¡Un cafecito, por lo menos! Pedía yo. Porque estaba impregnado todo por esa atmósfera instantánea. La Dolca vita: ¡ni el Conde de Montecristo sufrió tanto en esa prisión! Pero no tengo nada de qué arrepentirme: fui parte de la caravana de hippies que seguía a los gloriosos Grateful Dead, de un toque a otro.

Los faquires, los fuck-youres y la interna de P.J.


Me cae bien la picante de Polly Jean Harvey. Porque a ella, como a mí, también le gusta comer insectos. La conocí de nena. Era una brujita terrible: le gustaba torturar insectos. Después hizo otro tanto con sus ex novios. Que los empezó a coleccionar como butterflies (que es como tirar manteca al techo, pero en lugar de caer, se te escapa por la ventana. Butter Flies, sí. Reíte, dale, no te hagás el superado). Pero PJ era una chica terrible. En su cerebro siempre parecía haber como una interna. Una interna de PJ. Era picante: no tenía miedo de ir a las 3 A.M., meterse en un cementerio, acostarse sobre una lápida y dormirse una siesta. Les juro que nunca he visto a nadie durmiendo la siesta a las 3 A.M. Por eso le ví pasta de rock and roll. Porque un rockero es una especie de faquir de la vida. Que no gastan un mango en colchones. Ahora bien: a muchos faquires del rock yo los llamaría fuckyoures… gente que te hace el fuckyou de puro esnobismo falangístico anular. Pero ojo: una cosa es ser un jugado que no tiene nada que perder y otra es jugar a hacerle perder el tiempo a los demás. PJ supo traducir ese abandono en energía rock. Hay algo extra musical, sí, pero con eso no pintamos la pieza: transmutámelo en música y recién ahí nos sentamos a charlar.

El grano de azafrán que ni a Ramsés le dejan pasar


Si hay algo que me hipnotiza a mí y a todos los sapos es un sonido de guitarra que se llama fingerpicking. Que un amigo me dijo que viene del sonido del banjo. Otro me dijo que viene del ragtime. Otro me dijo que viene del blues del sur americano, del hillbilly, de los Beverly Ricos, todo ese mambo. Si hay algo que a mí no me cabe son los Beverly Ricos. Me aburren aquellos a quienes todo les da lo mismo… ricos que siguen como ricos aunque se hayan vuelto pobres y viceversa. Pero a los que me hablan del origen del fingerpicking les digo: el fingerpicking viene de la guitarra. No hay que darle tanta cuerda al asunto del origen de las cosas. Anyway: quien era un verdadero hipnotisapor, un original hipnotizador de sapos, era el master Wes Montgomery, fingerpiquetero total, que en lo mejor de su carrera, año 67, se va de gira con la Neverending Tour… quiero decir que se murió. Lo que no entiendo de la gente que palma es por qué no se llevan nada. Ni siquiera el cuerpo. ¿Tan exigente es la aduana del más allá que no podés pasar ni tu cuerpo? ¡Si es para consumo personal! Por eso decidí no morir. Cuando vi que ni siquiera a Ramsés II -ese winner total de la faraonicidad egipcia- le dejaban pasar ni un granito de azafrán al más allá, dije: no tengo más remedio que la inmortalidad. Y aquí estoy: the eternal frog.

Ser aplaudido en japonés no es truco barato


Es cierto que nadie es profeta en su tierra, pero es cierto al principio. Si te rendís. Porque si te va mal donde naciste, pero te tomás revancha conquistando otros lugares, el eco que produce lo que hacés afuera termina volviendo como un boomerang y golpeando a todos los ex compañeritos de secundario, que te hacían el sungutrule y el fútil juego del agáchate Cleto. Esto le pasó a muchos que se fueron con la cola entre las patas y volvieron exitosos, como Julio César, a quien no le dan bola en Roma, se va de gira por la Galia, y cuando vuelve, sus compatriotas no tienen otro remedio que recibirlo en una alfombra de pétalos de rosa. Esto les pasó a los Cheap Trick, una banda que hoy mirás atrás y decís ¿cómo puede ser que a éstos nos los hayan ninguneado… con la energía que tienen?. Pero pasa. Los Cheap Trick no eran un truco barato, pero parecían meados por los perros: tres discos habían sacado, pero no pasaba naranja. Esto va de consuelo para las bandas que hasta la fecha haya sacado tres discos sin pena ni gloria: ojo, que puede que la cuarta sea la vencida. Les pagué un viaje a Japón en turista, los grabé en vivo, con aplausos en japonés, y así les aseguré un regreso con gloria. Ni a Douglas Mac Arthur le fue mejor.

A los treintones siempre les quedan algunas fichas


Los Police son hijos de la paz-ciencia. La ciencia de la paz. Que no es fácil. Porque siempre hay alguna razón para explotar. Si tenés ánimo de encontrar pelos en la sopa vas a encontrar pelos en todas las sopas. Yo por suerte no tengo pelos, porque al locro que preparo yo me le meto mí mismo dentro de la cacerola y voy controlando la temperatura y el sabor desde adentro. Esto lo aprendí de una bruja de la edad Media, que preparaba brebajes mágicos metiendo ranas, sapos y colas de lagartijas. Esto que te estoy hablando calculo habrá sido un 5 de febril del año del Señor de 1236. Ahí me cayó la ficha de que para preparar guiso lo mejor es involucrarse de lleno en la preparación y sentirle la temperatura con todo el cuerpo. Incluso yo me hincho a la par de los garbanzos, porque es como que me compenetro. Lo que digo es que los que se quieren hacer los muy no sé, los muy super star, terminan quedándose para siempre en la sala de star de su familia. Hay que zambullirse en la vida sin miedo a embarrarse. Si te sale mal, pedís perdón. Esto les pasó a los veteranos de Police que no daban pie con bola. Entonces les hice de manager y les dije: “son treintones y panzones. Hagan un último intento: pesas, tintura y moda. Con eso la pegamos”.

Un arrorrock para el pobre mellizo Elvis


Conozco cosas del rock que no conocen ni los que hicieron el rock. Porque la madre de Elvis en algún momento llegó a renegar del nene: le habían dicho que tendría mellizos y eso para ella fue too much. Lamentablemente el hermano mellizo de Elvis murió al nacer. Para mí que fue el ego de Elvis el que lo mató. Y esto no es mala onda mía. Lo que yo puedo contarles es que la madre de Elvis dejó a Elvis en las orillas del Mississippi, cerca de Tupelo, donde Elvis nació. Y fui yo, a regañadientes, quien lo volvió a dejar en la cunita. Lo ví cerca del roquedal, donde yo pasaba mis vacaciones en mi eterno recorrido por el mundo, y allí fue que le canté un arrorrock por el simple hecho de apagar su voz. Sí, amigos, perdonen, pero es así: nunca me gustó la voz de Elvis. Pero como supe que esa voz iba a pegar tarde o temprano, y como ya me lo imaginaba con jopo y moviendo la pelvis, dije: tengo que ayudar a este nene por el bien del rock. Aparte un melli sin hermano melli que le contrapese un poco el ego se transforma en dos veces sí mismo: es un efecto de duplicación del ego llamado mirtalegranization. A regañadientes, como digo, le canté, para que cerrase la boca de una buena vez: arrorrock, my baby / arrorrock my sun / arrorrock a’ pieces / pieces of my heart.

La frutillita en la torta de la gran manzana


Nueva York era una masa en la segunda mitad de los setenta. Tenías a los Ramones, suponete, en la Knitting Factory, al sur de Manhattan ¿o todavía no existía ese lugar? Bué. Por ay en el Village tenías, digamos… Miles de Davis. Había atracciones por Miles. Pero de repente, all of a sudden: una bandita inglesa mete ruido nuevo: los Sex Pistols, que van de gira por Nueva York. Y para qué: amor mutuo. Vicious se enamora del Chelsea y todo ese mambo con Nancy. No quiero olvidar que en esa época tenías la posibilidad de ir a la casa de un amigo tuyo que vive en el edificio Dakota, donde con un vaso en la pared te podés poner a escuchar lo que están haciendo John Ono y Yoko Lennon. No olvidemos que estaban cerca de retornar con Double Fantasy. Pero la frutilla en la torta de la Big Apple de fines de los 70 llega con los Talking Heads. Lo eran todo: hiper populares, elegantes, contraculturales. Buenísimos músicos, bailables e impactantes en lo visual. Ann, Bill y Babol. O sea Unbelievable. Y claro. La New Wave era una inyección de sofistiquéishon necesaria, porque hasta los punk estaban hartos del punk. En el Central Park ví a uno de los Clash poniéndose colorado al verme: de su Walkman de Sony recién salido de fábrica salía el humo de Byrne quemando la casa.

El top tern(ario) de la ternura


Si hay algo que nos enternece en este mundo son yo diría tres cosas: los oseznos, que son los bebés osos, que son muy simpáticos, porque un oso es una mezcla de lo más tierno y lo más salvaje. Es por un lado un peluche. Pero no es cualquier peluche. Es un peluche que de un mordisco te puede sacar la cabeza. Pero si le das un frasco de miel te come la miel. Y si lo subís a un auto te pone la mano para doblar. Yo jamás voy a olvidar esa escena de los tres chiflados, amigos (llorar). Me emocionan. Me emocionan los osos, me emocionan las vaquitas de San Antonio Spurs, sobre todo cuando encestan… porque me encanta el básquet aunque yo no puedo jugar porque soy tan bajito que no consigo hacer rebotar la pelota. Es el mismo problema que los petizos tenemos con el yo-yo. Pero la otra cosa que francamente me emociona porque es el colmo de la ternura es Brian Wilson, que siempre fue un gran hombre, un alma noble. Sus canciones te levantaban el ánimo pero sin golpes bajos: Brian Wilson hablaba del amor, de la amistad, de la playa, de las chicas de California y de Dios. Pero no de un Dios en particular. Wilson creía que había algo por ahí, una especie de magia que a veces como que te salpica sin querer. Yo lo escucho a Brian Wilson y a sus hermanos y me dan ganas de vivir el doble.

Cuando te crezcan me vas a dar la razón


A los más jóvenes les decimos que estamos con ustedes, que comprendemos sus motivaciones, que sabemos de sus dificultades, porque aunque ustedes no lo crean, believe it or not, nosotros también fuimos jóvenes y nos costó mucho crecer. No es que quisimos crecer y nos costó. Nos costó crecer porque no queríamos crecer pero crecimos. O nos crecieron, que no es lo mismo. A mí, yo por ejemplo… no crecí. A mí me crecieron. Alguien me creció. ¿Quiénes fueron? Los enemigos de la libertad, los enemigos de la juventud, los enemigos de la onda verde, los enemigos del… rock. Amigos: tengan la seguridad de que lo que ustedes están viviendo ya les pasó a muchos otros, y eso no evitó que se volvieran viejos como se van a volver ustedes cuando los años se les empiecen a acumular. Un año te comprás la agenda de Rep, al año siguiente te comprás la de Liniers, al otro año te comprás la de Quino… el otro año te comprás la de Maicena… y al año siguiente ya no podés entrar en tu casa de tantas agendas que tenés. Mi recomendación hoy: Frederic “Toots” Hibbert, un grande de la música de Jamaica junto a Bob Marley, Peter Tosh y Jimmy Cliff. Toots and The Maytals: Funky Kingston se llama el disco. No pierdan el tiempo con lo actual: busquen lo eterno.

Chicas dosmilescas haciendo Lennon-Mc Catarsis


Así como en la antigüedad todos los caminos conducían a Roma, que después la cristiandad lo dio todo vuelta y entonces los caminos condujeron a Amor (Roma de atrás para adelante: esto me lo dijo un amigo cristiano), si hablamos de pop inglés los caminos conducen a los Beatles. Y cada tanto vuelve a aparecer pop inglés, bajo diferentes denominaciones. La fórmula es más o menos siempre la misma: “hagamo lo Beatle”. Hagamos algo Beatle con el talento disponible. ¿Qué tenemos? Suponete en los ochenta había mucho pelado gay: aparecieron los rasurados de Erasure, Sommerville, Pet Shop Boys, Depeche Mode. Ahí estaba el talento: la cosa era meterle tecno al pop y aggiornar la vieja e infalible fórmula popera Beatle versión 80. Más adelante la opción potente fue el BritPop. Bué. Otra vez lo mismo: chicos, traten de ser lo más parecidos a los Beatles, pero sin dejar de ser ustedes. Y se vino el BritPop. Ahora me tinca que pasa algo parecido pero de la mano de las chicas poperas. Se sigue la tradición: sabemos bien que mientras aguante, todos harán Lennon-Mc Catarstis. Una fórmula tan efectiva como la del jarabe oscuro ese que sirve para sacarle herrumbre a los tornillos. Eso sí: que haya talento. Un mínimo, digo… aunque sea ISO 2009.

Sobrevalorar al que hace blues por mérito del blues


John Lee Hooker es un grande del blues sobre los que ya no se puede decir nada. Porque sobre él ya se dijo todo. Un bluesero de esos que uno cuando los escucha dice: qué buen bluesero que es. Pasa que aparte de lo bueno que es John Lee Hooker tocando blues, el blues es en sí mismo un sonido que siempre despierta entusiasmo. Entonces uno, mientras escucha blues, disfruta tanto del blues que se olvida quién está tocando blues en ese momento. Porque el blues es el blues, es como un llanto anónimo que te envuelve. Y es tan envolvente, que cuando uno se desenvuelve del blues, vale decir, cuando deja de escuchar lo que estaba escuchando, ahí recién advierte que eso que escuchaba no era John Lee Hooker, sino una de esas banditas típicas de blues que son insoportables. Y ahí recién comprende que más allá del blues, la banda esa es malísima. Y te da más rabia. A mí me pasa siempre. Que me entusiasmo con una banda de blues, y después pido que me devuelvan la entrada y no me la quieren devolver. John Lee Hooker hizo temas conocidísimos, clásicos inconmensurables del blues. Fue también conocido por esos típicos blues en los que el que canta parece como que habla. Una cosa de locos. Aunque como yo prefiero rock, muy muy loco no me vuelvo.

Un amigazo llamado Brian Wilson


Si hay algo que nos enternece en este mundo son yo diría tres cosas: los oseznos, que son los bebés osos, que son muy simpáticos, porque un oso es una mezcla de lo más tierno y lo más salvaje. Es por un lado un peluche. Pero no es cualquier peluche. Es un peluche que de un mordisco te puede sacar la cabeza. Pero si le das un frasco de miel te come la miel. Y si lo subís a un auto te pone la mano para doblar. Yo jamás voy a olvidar esa escena de los tres chiflados, amigos (sniff). Me emocionan. Me emocionan los osos, me emocionan las vaquitas de San Antonio Spurs, sobre todo cuando encestan… porque me encanta el básquet aunque yo no puedo jugar porque soy tan bajito que no consigo hacer rebotar la pelota. Es el mismo problema que los petizos tenemos con el yo-yo. Pero la otra cosa que francamente me emociona porque es el colmo de la ternura es Brian Wilson, que siempre fue un gran hombre, un alma noble. Sus canciones te levantaban el ánimo pero sin golpes bajos: Brian Wilson hablaba del amor, de la amistad, de la playa, de las chicas de California y de Dios. Pero no de un Dios en particular. Wilson creía que había algo por ahí, una especie de magia que a veces como que te salpica sin querer. Yo lo escucho a Brian Wilson y a sus hermanos y me dan ganas de vivir... surf o no surf.

Oídos que no ecualizan country


Los Eagles son una banda de Los Ángeles que pertenece a un grupo de bandas que quieren conciliar dos cosas incompatibles que son el rock y el country. Yo les dije: ni lo intenten, muchachos. Si ya lo probó Ray Charles y no le fue tan bien, a ustedes menos les va a salir. Porque no da. No da. Porque el country es country. El sonido country contagia de country todo lo demás. Yo diría “envenena” de country. Pero claro: sé que hay mucha gente a la que le gusta el country. Todo tipo de gente insobornable que ama el country. Insoportable, digo. A esa gente le quiero decir que no se me ofendan. Que yo hice todo un esfuerzo colosal para que me guste el country. Es más. Estaba practicando tiro al blanco y justo entre el blanco y yo se metió, de pura casualidad, Kenny Rogers. Y tuve que hacer todo un esfuerzo para no disparar. Pero ojo: siempre le tiré la mejor a Kenny Rogers. Pasa que nunca tiré a matar. Por eso sigue vivo. Y está en buena forma: cuando sale a correr se hace el achacoso para no tener que empujarte el auto, pero cuando se aleja… vuelve a correr como si nada. No me hagan caso. El disco de los Eagles que yo tuve era del año 72, pero sonaba como si lo hubiesen grabado ayer: una potencia impresionante. Lástima que lo que grabaron era un sonido tipo Eagles: en el country las espinas.

Suprema entre las Supremes


Las gentes ignorantes creen que las cosas surgen de generación espontánea, pero nada nace a partir de la nada. Ni Adán, que es nada al revés, vino de la nada. No me pregunten de dónde salió, porque yo no estaba ahí, pero de algún lado salió Adán. Yo cuando fui ignorante de que la carne de pollo venía de esas cosas plumíferas que vienen siendo como bocetos de gallina, solía pensar que las Supremas venían de un árbol. Un árbol de supremas de pollo, que venían siendo como el fruto del árbol pollero. Solemos creer que el pensamiento de Kant vino de Kant… y no. He Kant. Hubo otros chabones que antes de Kant pensaron lo que hacía falta pensar para que Kant existiera. Alguien le mandó señales de Hume primero a Kant. Otherwise, he Kan’t. El querido Jackson no salió de un cásting de Peter Pan, ni de la caja de Pandora. Vino de los Jackson Five, que vinieron hermanados al sonido Motown, que vino a caer del efecto dominó que ya venía de atrás… de las Supremas de Motown, que a su vez vienen de la suprema de las supremas, la suprema Diana Ross. Yo le ví ese toque de Diana al querido Michael y pensé: si a E.T. pibe le metemos un poco de Quincy Jones, le agregamos un gritito tipo "indiada" Jones y luego le apretamos rewind, nos va a quedar una suprema elevada al cubo. Three-ler.

A quién nos vamos a parecer en unos años


Tengo que hacerles una confesión: yo estuve en una isla que es como la de Lost. ¿Viste que en la isla de Lost la gente puede estar en cualquier época, porque de repente se pone blanco el cielo, y, suponete, mirás el calendario y estás en el año 85? Caminás un rato a través de esa jungla ochentera, y de repente deja de sonar el invisible touch meloso de Collins y empezás a oler el espíritu teen de Nirvana: ya estás en el año 93. De repente vuelve a ponerse todo blanco y al rato confirmás que el tiempo retrocedió al año 56. Terrible. A mí me pasó eso cuando viajé a Islandia. Fui a Reikjavik y quise ver un recital de esa señora picante con cara de bebé esquimal. Mi amigo Ticketeck me pasó una entrada para verla. Resulta que entro al recital: estoy en primera fila. De golpe ¿qué pasa? ¡La veo subiendo a Mercedes Sosa! ¿Qué hace Merce Sosa en el escenario donde tenía que subir Bjork? Es como ir al Camp Nou y que en lugar de estar Messi con la 10, nos encajan a Ricardo Montaner. No era Mercha Sosa. Era Bjork en el año 2020 haciendo covers de sí misma, luciendo el mismo traje postal del disco Post, pero ya un poco ajado. Conste que Bjork a medida que crece, se va pareciendo cada vez más a Mercedes Sosa. En 20 años, va a ser igual de Sosa que Mercedes. Y espero que Messi no termine igual a Montaner.

Trucos visuales mucho antes del Photoshop


Ahora tengo que presentar un disco de Jackson Browne. El disco se llama “Tarde para el cielo” y aparece en la tapa un paisaje que es como de noche, pero el cielo sale como de día. El viejo truco de hacer una foto de noche poniéndole un cielo de día. Pero es un disco del año 74 y en el año 74 como no existía el Photoshop ¿qué pasaba? Que todavía alguno que otro perejil se sorprendía con fotos así. ¡Pero escuchame una cosa! Le decía yo a la gente que compraba el disco nada más que por la tapa. Escuchame una cosa: Rene Magritte, el pintor francés… ese de la pipa ¿te acordás el pintor de la pipa? Bueno. Ese se pasó la vida haciendo este tipo de imágenes donde arriba es de noche y debajo de día. O a un costado aparece como un pescado nadando en el aire, o una persona caminando en el agua. Pero bueno. El asunto es que Jackson Browne vende muchos más discos de los que merecía por esta tapa del disco. Browne es este tipo de músicos tipo songwriter que expresan lo que sienten con la letra de las canciones: autor “confesional”, le llaman. Que se ponen serios y dicen lo terrible que es la vida y todo eso. Pero está bueno. Está bueno que si de repente explota una central nuclear, vos escribas una canción sobre eso para los que sobrevivan.

El que se aburre y el que nos aburre


Scarlet Johansson me llama el otro día por teléfono y me dice: Frank, la última vez que te ví, no me reconociste. Cómo puede ser que voy pasando por las calles de Tokio, tomada del brazo de Bill Murray, y te grito, Frank, y no me reconociste. Le dije, no: yo lo ví a Murray. A vos no te reconocí, porque vos aparte no sos una estrella de cine que uno diga: ah, mirá, ahí va una estrella de cine. Vos sos más tipo Sandra Bullock. Perdoná que te lo diga. Sé que esto te va a poner mal, puede incluso que te vuelvas a deprimir como cuando estuviste en Tokio, que me dijeron que te aburriste bastante. Pero Scarlet Johansson, amigos, es una mina cualunque, lo que le llaman la chica “next door”. El asunto es que tenemos que presentar esta banda de franceses, creo que son franceses, que tienen un poquito de Vangelis, un poquito de las bandas de electrónica alemanas de los años 70 y un poquito de lo que es el trip-hop de los 90… se llaman Air. Justamente de la película “Lost in Translation”, con Scarlet Johansson, que uno no sabe si es una película que transmite el aburrimiento de los personajes o si no logra transmitirlo, porque en cualquier caso vos también te aburrís. Yo la verdad que cuando la ví, dije: Sofía Coppola es una genia, porque me transmitió el aburrimiento, que era lo que se proponía.

Una sirena para Bryan Ferry y sus amigos


Ser el creador del rock no es fácil, porque el rock al principio empezó dando saltitos pequeños, como nosotros, los sapos, que como mucho te podemos dar un modesto saltito de una baldosa a otra baldosa. Y si es necesario. Porque las baldosas que retienen el calor, esas sí que son las que te asan. A mí las baldosas negras creo que son las que me asan de calor. Aunque siempre me olvido si son las blancas o las negra las que te dan calor. Jason. ¿Cuáles te dan calor? El asunto es que yo tuve que hacer todo tipo de tramitecitos pequeños para asegurarme que el rock tuviese la supremacía que se merecía. Porque no es fácil. Los setenta, por ejemplo, fue todo complicado. Porque al irse los Beatles, uno se queda sin constante. Que es cuando no sabés para dónde va a agarrar la cosa. Es como la isla de Lost, que se van al pasado y después vuelven al futuro, una cosa terrible. Yo de solo ver esa serie ya de solo verla empiezo a sangrar por la nariz. El asunto es que me llama Bryan Ferry un día, en Saint Tropez, me dice: necesito una sirena para poner en la tapa del disco Siren. Vos que sos sapo, por ay sabés algo. Le digo ¿qué tengo yo que ver con los cetáceos? Yo soy anfibio. Pero no te hagás problema. Le conseguí una melliza, la hija de un camionero, una tal Jerry Hall, que después tendría 4 hijos con Mick Jagger.

Las manos en el fuego de los sixties


Una lástima cómo se fue apagando la llama de los 60. Me quemé las manos tratando de proteger la llamita para que el viento no se la llevara. Pasa que el viento de Vietnam, los nuevos vientos que venían con Nixon, el portazo de Lennon, que hicieron tanto viento… terminaron apagando la llamita de los 60. Cuando ganó Nixon, dije: pero escuchame una cosa, tanto esfuerzo para esto. Tanto esfuerzo y lo votan a Nixon. ¿Y nosotros, el resto del mundo, qué? ¡Vamos a terminar escuchando sambas, flamenco y bossa-nova! ¡Toda esa generación universal, que quería romper con las distancias geográficas, con las fronteras, etc, y terminan votándolo a Nixon. Es como que un día tu primo revolucionario te dice que quiere ir a tomarse un fernet a Palermo Queens. Escuchame una cosa ¡cuántos pósters de los Stooges, cuántos consejos, cuántas correrías por los bares de occidente y terminamos acá! Cada vez que escucho a los Jefferson Airplane parece como si regresara ese espíritu de rebelión, esa cosa entre pacifista y militante que tenían. Epoca de folk en San Francisco, época en que sentíamos que hacer música era un modo literal de cambiar el mundo. Yo escuché esta canción “Volunteers” y dije: ¿dónde está el patriarca así vamos a derrocarlo? Le llegó el otoño. Gabo, dale.

Plegarias atendidas y una galaxia de rock


Un día estaba leyendo las cartas de los niños que le escriben a Papá Noel, porque Papá Noel no puede leerlas a todas, entonces todas las cartas de niños roqueros, Papá Noel me las deriva a mí y a mi escuadrón anfibio, que son muchos sapos que leen cartas de niños roqueros, y ese día no fue fácil para mí. Y nunca es fácil leer cartas de niños roqueros que piden cosas, porque un niño roquero no pide una guitarra cualquiera. Si te pide una guitarra te pide una Fender no se qué o una Gibson no se cuánto. No podés darle cualquier cosa, porque un niño roquero viene con data bien concreta. El asunto es que la carta que leí, de un niño del norte de Inglaterra, era una carta que casi no se entendía. Era la carta de un niño llamado Brian Johnson, que desde el norte de Inglaterra soñaba con formar una banda de rock que le volara la peluca a todo el mundo. No le podía cumplir el sueño, porque primero hacía falta que se lo cumpliese a dos niños escoceses que vivían en Syney, en Australia. Bancame un poquito, Brian, le dije, que te prometo que cuando les cumpla el sueño a esos dos pobres niños escoceses que viven en Australia, ahí recién te lo voy a poder cumplir al sueño a vos. Amigos: utopía del rock. Hay un universo llamado AC/DC. Algún día hablaré de la galaxia que se formó por el sonido de AC/DC.

Las Matchless y el efecto velocidad


Ah, sentir la velocidad. Recuerdo que cuando me compré la primera moto, que era una moto vieja, una Matchless, tenía yo, que me compré dos Matchless rotas, y con las dos Matchless me armé una sola, que a esa después le agregué un asiento de acompañante de sidecar, para vender locro por la zona de Manchester. Que ponía la olla de locro al lado, con el cucharón hundido en el locro caliente, y me iba a hacer delivery de locro calculo yo que a mediados del 66. Por eso le dicen Manchester, justamente, por el enchastre que hice yo repartiendo locro… que quedó todo como manchester. El asunto es que la Matchless me andaba tan despacio, que para conseguir el efecto de velocidad, ahí por las calles de Inglaterra, me le puse dos ventiladores, uno pegado a cada manubrio. Y los ventiladores como que me daban la sensación de velocidad, porque el motor de la Matchless llegaba como mucho a los 25 km por hora. Con la última moneda, un penique que tenía metido en la boca, que yo a los peniques me los guardo acá en el buche, le pego un llamado larga distancia a Jimi Hendrix. Le digo: Jimi. Estamos en septiembre del 66. Quiero que cruces el mar, esa dulce madre gris, the sweet grey mother, y te vengas ya mismo para acá. Ya te alquilé una casa roja para que te mudes. ¿Are you experienced?

Brazos cortitos pero el alma grande


La tarde del 21 de mayo del año 1971 yo me encontraba muy triste, caminando las calles de la ciudad de Los Angeles, cuando de repente, atravesando la calma, se posó en mis oídos el más maravilloso sonido que yo había escuchado hasta entonces. Y ese sonido fue para mí como una redención del universo, porque como te digo, yo estaba muy triste por este mundo, la crisis del petróleo, todo eso. No sé si fue en el 71 o en el 73. ¿Cómo? Aquí me dice Jason que la crisis del 73 fue en el 73, y no en el 71. Pero yo ya estaba triste desde el 71. Porque esos barriles de crudo ya de solo olerlos nomás, me empezaron a producir la sensación de que se venía la malaria para este planeta tierra, porque yo ya para esa época había trascendido mi especie, amigos. La música del rock me había hecho superar mi condición de sapo, y extender mis brazos al mundo, para abrazar a todas las demás especies. Sí, tengo los brazos muy cortitos. Pero mi alma llegaba muy lejos, mi soul llegaba lejos. Y por eso se extendió sobre mis labios la más luminosa sonrisa que un sapo había experimentado desde el el Big Bang para este lado: porque ese 21 de mayo los combinados de todo el mundo comenzaron a producir el sonido de Marvin Gaye, el más emotivo homenaje a la esperanza humana en los terribles años de Vietnam. Grande, Marvin.

Viejos y peludos


Presentamos hoy lo que en el universo del rock conocemos todos como the Little old band from Texas, la pequeña vieja banda de Texas, aunque la mejor traducción sería: nuestra banda vieja y peluda… los ZZ Top. Ya la expresión “viejo y peludo” se dejó de usar, pero a los más chiquitos, quiero recordarles que “Viejo y peludo” no significaba literalmente ni viejo ni peludo. Un amigo que conocías más o menos del año pasado ya podía pasar a ser viejo y peludo, sin que le hiciese falta dejarse la barba, porque “viejo y peludo” es eso, algo así como entrañable. Nada mejor que “viejos y peludos” para referirse a los ZZTop, quienes aparte de ser entrañables figuras de la escena del rock, son hoy, a esta altura del partido, más viejos y más peludos que nadie, amigos. Billy Gibbons, guitarra y voz. Dusty Hill, bajo y voz. Frank Beard, batería. Treinta y nueve años haciendo el mismo sonido, el clásico sonido, siempre los mismos, siempre iguales. Es el único trío –exceptuando los Reyes Magos- que ha permanecido tanto tiempo junto. Nunca se separaron. Entre los 70 y los 80 llegaron a lo más alto, pero aún hoy siguen haciendo la misma música de siempre, un rock artesanal, diría yo, con la misma calidad de sus primeros tiempos. Anteojos negros de carey, auriculares en la sien... y las barbas en remojo. ZZ.