Un amigazo llamado Brian Wilson


Si hay algo que nos enternece en este mundo son yo diría tres cosas: los oseznos, que son los bebés osos, que son muy simpáticos, porque un oso es una mezcla de lo más tierno y lo más salvaje. Es por un lado un peluche. Pero no es cualquier peluche. Es un peluche que de un mordisco te puede sacar la cabeza. Pero si le das un frasco de miel te come la miel. Y si lo subís a un auto te pone la mano para doblar. Yo jamás voy a olvidar esa escena de los tres chiflados, amigos (sniff). Me emocionan. Me emocionan los osos, me emocionan las vaquitas de San Antonio Spurs, sobre todo cuando encestan… porque me encanta el básquet aunque yo no puedo jugar porque soy tan bajito que no consigo hacer rebotar la pelota. Es el mismo problema que los petizos tenemos con el yo-yo. Pero la otra cosa que francamente me emociona porque es el colmo de la ternura es Brian Wilson, que siempre fue un gran hombre, un alma noble. Sus canciones te levantaban el ánimo pero sin golpes bajos: Brian Wilson hablaba del amor, de la amistad, de la playa, de las chicas de California y de Dios. Pero no de un Dios en particular. Wilson creía que había algo por ahí, una especie de magia que a veces como que te salpica sin querer. Yo lo escucho a Brian Wilson y a sus hermanos y me dan ganas de vivir... surf o no surf.

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